domingo, 21 de diciembre de 2025

La Inmaculada Concepción

 


El 8 de diciembre celebra la Iglesia la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. En torno a esta fiesta pueden formularse tres cuestiones:

Primera.- ¿Qué celebramos exactamente? ¿Qué significa "la Inmaculada Concepción"?

En el año 1854, el Papa Pío IX declaró el dogma de la Inmaculada Concepción en estos términos: 

“La bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano” 

Como explica el Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 490-493), la razón de este privilegio concedido por Dios a la Virgen María es la "misión tan importante" que debía cumplir, como es concebir y dar a luz al Verbo Encarnado,

En ocasiones pueden confundirse dos dogmas marianos: la Inmaculada Concepción y la Concepción Virginal de Jesucristo. La Inmaculada Concepción se refiere a la concepción de la Virgen María y a su alma, que por la Purísima Concepción quedó libre del pecado original. Mientras que la Concepción Virginal se refiere a la concepción de Jesucristo y a su cuerpo, que fue formado sin concurso de varón, es decir, virginalmente, pues María fue virgen antes, durante y después del parto.

Segunda.- ¿Desde cuándo se ha creído en la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María? 

Esta inmemorial devoción podemos remontarla al Medievo, a la época visigótica, con figuras tan destacadas como, por ejemplo, San Ildefonso. Entre sus devotos destacan santos como San Francisco de Asís y San Agustín. En el siglo XV el pontífice Sixto IV aprueba la doctrina de la Inmaculada Concepción con la constitución “Cum Prae Excelsa”. 

Durante el siglo XVII se llevan a cabo las más relevantes controversias teológicas. El camino para la definición dogmática de la Concepción Inmaculada de María fue trazado por el franciscano Duns Scotto que argumentó del siguiente modo: para Dios era mejor que su Madre fuera Inmaculada: o sea sin mancha del pecado original; Dios podía hacer que su Madre naciera Inmaculada; por lo tanto, Dios hizo que María naciera sin mancha del pecado original, pues Dios, cuando sabe que algo es mejor hacerlo, lo hace.

También en el siglo XVII tienen lugar la aprobación de la Fiesta de la Inmaculada para España en 1644 por la Santa Sede y la declaración de María Inmaculada desde su concepción por parte de Alejandro VII en 1661 aun sin definir el dogma en 1661. Y, en 1708, la extensión de la fiesta a toda la Iglesia Católica.

Tercera.- ¿España intervino de modo particular en el reconocimiento de esta verdad de fe?

España, ya en el siglo VII, celebraba la fiesta de la Concepción Inmaculada. Un amplio número de textos litúrgicos medievales muestra que la fiesta de la Inmaculada Concepción se guardaba en el siglo XIII, incrementó su popularidad en el XIV y se difundió ampliamente por toda España durante el siglo XV, especialmente, tras la recuperación de los territorios del sur de España por la corona de Castilla. En el siglo XVI asistimos a una proliferación de cofradías que se ponen bajo la advocación de la Pura y Limpia Concepción de María.

Durante estos años, no son pocas las embajadas que monarcas, eclesiásticos y nobles españoles presentan ante el Papa, pidiendo una declaración formal de lo que era un sentir universal en el pueblo católico. Aunque el Dogma aún habría de esperar, los sucesivos Papas refrendan, de modo indirecto la doctrina inmaculista auspiciando e impulsando esta devoción por Europa y los territorios hispanoamericanos.

En estos años abundan los conocidos como Votos inmaculistas, con ejemplos como la Universidad de Toledo quien hizo dicho voto el 10 de diciembre de 1617, a ella le seguirían universidades de tanto calado como Salamanca (que jugó un importante papel en la petición ante el Papa de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción), Granada o Valladolid. Junto a estos votos universitarios, ciudades, algunas órdenes religiosas e incluso ciertas diócesis hispanas, realizaron este voto de defensa de la doctrina inmaculista que se traduciría en nuevas peticiones a Roma en favor de este dogma.

Carlos II, con la aprobación de Clemente XIII, declaró en 1760 a la Virgen Inmaculada Santa Patrona de España y de todas sus posesiones y en 1800, extendió a todas las universidades de España la obligación de jurar la defensa de la Inmaculada Concepción.

Después de la definición del dogma, en 1857 se inaugura el famoso monumento a la Inmaculada Concepción en la Plaza de España de Roma. La imagen, obra de Luigi Poletti, corona una columna de 12 metros de altura. Los bomberos romanos izaron la columna y la imagen de nuestra Señora. De ahí la tradición anual en la que los bomberos de Roma colocan un ramo en lo alto de la columna cada 8 de diciembre.




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