Las virtudes teologales se refieren directamente a Dios. Disponen a los cristianos a vivir en relación con la Santísima Trinidad. Tienen como origen, motivo y objeto a Dios Uno y Trino.
Las virtudes teologales son tres: fe, esperanza y caridad. Fueron infundidas por Dios en nuestra alma el día de nuestro bautismo, pero como semilla, que había que hacer crecer con nuestro esfuerzo, oración y sacrificio.
La fe es una luz divina por la cual somos capaces de reconocer a Dios, ver su mano en cuanto nos sucede y ver las cosas como Él las ve. Por tanto, la fe no es un conocimiento teórico, abstracto, de doctrinas que debemos aprender. La fe es la luz para poder entender las cosas de Dios y entrar en diálogo con Él.
La esperanza es la virtud teologal por la cual deseamos a Dios como Bien Supremo y confiamos firmemente alcanzar la felicidad eterna y los medios para ello. Gracias a esta virtud de la esperanza confiamos en Dios, a pesar de todas las dificultades.
La caridad es la virtud infundida por Dios en el bautismo por la que podemos amar a Dios y a nuestros hermanos por Dios. Por la caridad y en la caridad, Dios nos hace partícipes de su propio ser que es Amor.
(Resumen de "El crecimiento en la santidad: las virtudes teologales y cardinales" del P. Antonio Rivero, en Catholic net)
Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 1812-1829)

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