sábado, 21 de febrero de 2026

Las virtudes cardinales

 


Al igual que en las virtudes teologales, también Dios puso como semilla en nuestra alma estas virtudes cardinales y dejó al hombre el trabajo de desarrollarlas a base de hábitos y voluntad, siempre, lógicamente, movido por la gracia de Dios.

Estas cuatro virtudes son como remedio a las cuatro heridas producidas en la naturaleza humana por el pecado original: contra la ignorancia del entendimiento sale al paso  la prudencia; contra la malicia de la voluntad, la justicia; contra la debilidad del apetito irascible, la fortaleza; contra el desorden de la concupiscencia, la templanza.

La prudencia es la virtud infundida por Dios en el entendimiento para que sepamos escoger los medios más pertinentes y necesarios, aquí y ahora,  en orden al fin último de nuestra vida, que es Dios. Virtud que juzga lo que en cada caso particular conviene hacer de cara a nuestro último fin. 

La justicia es la virtud infundida por Dios en la voluntad para que demos a los demás lo que les pertenece y les es debido. La justicia es necesaria para poner orden, paz, bienestar, veracidad en todo. Abarca nuestras relaciones con Dios, con el prójimo y con la sociedad.

La fortaleza es la virtud infundida por Dios que da fuerza al alma para correr tras el bien difícil, sin detenerse por miedo, ni siquiera por el temor de la muerte. También modera la audacia para que no desemboque en temeridad.

La templanza es la virtud infundida por Dios que modera la inclinación a los placeres sensibles de la comida, bebida, tacto, conteniéndola dentro de los límites de la razón iluminada por la fe.

Estas virtudes restauran poco a poco, dentro de nuestra alma, el orden primitivo querido por Dios, antes del pecado original, e infunden sumisión del cuerpo al alma, de las potencias inferiores a la voluntad. La prudencia es ya una participación de la sabiduría de Dios; la justicia, una participación de su justicia; la fortaleza proviene de Dios y nos une con Él; la templanza nos hace partícipes del equilibrio y de la armonía que en Él reside. 

(Resumen de "El crecimiento en la santidad: las virtudes teologales y cardinales", del P. Antonio Rivero, en Catholic.net)


Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 1805-1809)


Las virtudes y la imagen cristiana del hombre (Josef Pieper)






miércoles, 21 de enero de 2026

Las virtudes teologales



Las virtudes teologales se refieren directamente a Dios. Disponen a los cristianos a vivir en relación con la Santísima Trinidad. Tienen como origen, motivo y objeto a Dios Uno y Trino.

Las virtudes teologales son tres: fe, esperanza y caridad. Fueron infundidas por Dios en nuestra alma el día de nuestro bautismo, pero como semilla, que había que hacer crecer con nuestro esfuerzo, oración y sacrificio.

La fe es una luz divina por la cual somos capaces de reconocer a Dios, ver su mano en cuanto nos sucede y ver las cosas como Él las ve. Por tanto, la fe no es un conocimiento teórico, abstracto, de doctrinas que debemos aprender. La fe es la luz para poder entender las cosas de Dios y entrar en diálogo con Él.

La esperanza es la virtud teologal por la cual deseamos a Dios como Bien Supremo y confiamos firmemente alcanzar la felicidad eterna y los medios para ello. Gracias a esta virtud de la esperanza confiamos en Dios, a pesar de todas las dificultades.

La caridad es la virtud infundida por Dios en el bautismo por la que podemos amar a Dios y a nuestros hermanos por Dios. Por la caridad y en la caridad, Dios nos hace partícipes de su propio ser que es Amor.

(Resumen de "El crecimiento en la santidad: las virtudes teologales y cardinales" del P. Antonio Rivero, en Catholic net)


Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 1812-1829)


Grandeza de la moral cristiana y virtudes teologales (Aurelio Fernández)